Adaptación a la enfermedad e información IV

      Buenas noches, espero que esteis teniendo una buena semana.

     Hoy vamos a comentar el segundo punto de nuestro índice de entradas, es decir: “La información sobre la enfermedad (ya sea diagnóstica o sobre la evolución o pronóstico de la misma), pertence al enfermo. Por lo que siempre que este tenga “capacidad” para entenderla y hacer un afrontamiento razonable de ella, el profesional sanitario debe dirigirse a él.” 

      Este es un tema muy controvertido y que suele generar algunas situaciones tensas entre profesionales y familiares. Puesto que cualquier situación en la que el profesional deba informar a su paciente y/o familiares sobre un diagnóstico y/o pronóstico, independientemente de que la información que tengan que comentar sea menos adversa o maligna de lo que puedan esperar, supone la confluencia de las angustias e inseguridades del enfermo y su familia con las potenciales vulnerabilidades o limitaciones del profesional en el manejo de estas situaciones por un lado y el espíritu protector que pueden desarrollar hacía sus enfermos muchos facultativos. Por tanto, es una situación que potencialmente puede dañar y hacer sufrir a ambas partes.

     Sin embargo, hay dos cosas que no debemos olvidar nunca. Por un lado que una mala noticia nunca puede sonar bien y por tanto, en un primer momento, la reacción emocional de quien la escucha habitualmente no será buena. Por otro lado y tal y como empieza esta entrada, la información pertence al enfermo y siempre que este pueda asumirla y tenga capacidad para afrontarla y comprenderla es a él a quien le corresponde recibirla.

     No debemos olvidar estas dos premisas, porque ayudarán a afrontar las situaciones de mejor manera. Así, dificilmente podemos esperar que un mal diagnóstico o una evolución desfavorable de la enfermedad puede ser informada de forma que no haga daño al paciente o a su familia. Por tanto, a la hora de dar una mala noticia de esta magnitud los profesionales entienden las reacciones de sus enfermos y familiares y la única herramienta de la que disponen para paliar el sufrimiento que la situación médica les puede infligir es acompañarles y dotarles de recursos de manejo de la enfermedad, garantizándoles el mejor de los cuidados de toda la sintomatología que pueda padecer. Y de este modo, convertirse en un referente para su paciente, que se convierte en el principal objetivo del profesional. El cuidado del enfermo y garantizarle la mejor calidad de vida.

     Para alcanzar dicho objetivo, necesariamente el profesional tendrá que tener en cuenta a los familiares de sus enfermos y darles su sitio en la relación que se ha generado entre el facultativo y su enfermo. Puesto que serán los familiares los que cuiden y los que sigan sus directrices para garantizar al enfermo la mejor calidad de vida posible. Sin embargo, ni los familiares ni el facultativo deben olvidar que el actor principal de esta historia es el paciente, que sufre su enfermedad. Y puesto que la enfermedad la padece el enfermo, condiciona su vida y limita sus opciones de futuro, siempre que tenga capacidad, debe tener el derecho de decidir que tratamiento hacer de ella. Por tanto, muchas veces la discusión o tensión que se genera entre profesionales y familiares sobre si informar o no al paciente, no es tan importante como el hecho de que el paciente pueda decidir si quiere saber o no, que quiere saber y decidir cuando no quiere saber más.

     De este modo, no somos nosotros los profesionales, si quiera los cuidadores quienes debemos decidir como manejar la información concerniente a la  enfermedad del paciente. Nuestra única responsabilidad, como profesionales, es saber si el paciente puede asumir la información sobre  la enfermedad y por tanto, si su afrontamiento pueda perjudicarle de cara al enfrentamiento de la misma. Y, aunque la tendencia a proteger al enfermo, por parte tanto de los profesionales como de los familiares, nos lleve muchas veces a ocultarle e intentar evitarle situaciones que consideremos pueden hacerle daño, como puede ser la información, no debemos olvidar que esa es nuestra percepción de la situación y por mucho que nos refugiemos en “que mejor que nosotros nadie conoce a nuestro enfermo”, el respeto a sus capacidades y voluntades debe prevalecer.

     De hecho aceptar que el enfermo decida si quiere ser informado o no, cuando y como, es quizás uno de los más dificiles retos que enfrentaran profesionales y familiares. Pero al conseguirlo, estamos facilitando que nuestro enfermo tenga capacidad de control y autonomía dentro del caos que supone la irrupción de la enfermedad en su vida.

     Nos gustaría poder conocer la opinión y experiencias tanto de cuidadores familiares, como de enfermos y profesionales para poder matizar y seguir profundizando en este tema, por lo que os animamos a dejar vuestros comentarios en relación con este tema. No me extiendo más, pero antes de despedirme, quiero desearos a todos ¡¡que tengais un buen día!!.

[CATEGORÍAS] Cuidadores, Cursos, Ética y moral, Intervención. [ETIQUETAS] , , , , , . [ENLACE PERMANENTE].

Existe un comentario sobre Adaptación a la enfermedad e información IV

  1. manava@manava.es says:

    Sencillo y buen ártículo. Con vuestro permiso, lo compartimos en facebook, indicando la fuente. Un saludo

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