Las quejas y la enfermedad.

      Buenas noches,

      Disculpad el retraso de esta nueva entrada, pero la vuelta al trabajo está dificultando el encontrar tiempo para sentarme tranquila a compartir con vosotros nuestras nuevas experiencias. Hoy por fin, lo he encontrado.

      Quería compartir con vosotros una experiencia que me está sorprendiendo gratamente, aunque me suscita muchísimas dudas. En mi día a día atiendo y comparto muchos momentos con pacientes crónicos y dependientes, sobre todo oncológicos. Y en esos momentos, suelen compartir conmigo muchas inquietudes, miedos, dudas y quejas. Quejas sobre la enfermedad, quejas sobre la vida y por supuesto quejas sobre la atención que reciben por parte de los profesionales sanitarios. No todo son quejas, ni mucho menos, ni todos los pacientes se quejan, pero lo que si tengo claro es que todas las quejas que recibo son ciertas, porque corresponden a la vivencia que esa persona tiene de su situación de enfermedad. Por eso, yo no considero que las quejas de los pacientes sean motivo de disgusto o malestar, tanto como motivos para mejorar y/o carencias o dificultades que atender y responder. Y que a aquellos pacientes que no muestran ninguna queja, es conveniente prestarles especial atención y facilitarles un ambiente adecuado para que sepan a donde acudir cuando quieran hacerlo.

        Sin embargo, no debemos confundir la queja con la bronca o la falta de respeto o el insulto o incluso la agresión. La queja es la expresión de un malestar, de una necesidad o dificultad a alguien que puede ayudar a paliarlo o resolverlo. Las otras confuctas no son tan frecuentes, al menos en mi día a día, y cuando aparecen igualmente se atienden aunque como profesionales debemos esforzarnos por contener estas reacciones emocionales, por muy desproporcionadas que puedan llegar a ser y no personalizarlas. Puesto que la situación de enfado, habitualmente no debemos olvidar la desestabilización que la situación de enfermedad puede generar y por otro, una posible carencia o necesidad que no se está gestionando adecuadamente por ambas partes.

      Volviendo al otro tipo de quejas, a las que evidencian carencias y dificultad, a las que expresan los pacientes y sus familiares desde la angustia y la preocupación que les supone la enfermedad. Desde luego hay que escucharlas, como ya decíamos antes, es conveniente ayudarles a encontrar soluciones y poder superar la situación que les preocupa. Pero también es cierto que debemos estar atentos para no reforzar y/o potenciar una actitud victimista y de indefensión ante las situaciones que la enfermedad pueda generar los tratamientos que precisan. Es mucho más oportuno reforzarles la actitud resolutiva y valiente. Pero esto no implica que debamos impedir que nuestros pacientes y sus familiares expresen esas quejas que les desorientan y les hacen sufrir. Al menos estas conclusiones son a las que llego gracias a mi experiencia profesional.

         Como siempre, os animo a compartir con nosotros vuestras experiencias y opiniones al respecto. Esperamos que os haya resultado de interés. Buenas noches.

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